Compatibilidad Fuego Yang y Fuego Yang en el saju
Dos soles en el mismo cielo: la casa nunca está apagada, pero hay que turnarse para ser el centro.
Cuando dos Fuego Yang se juntan, la temperatura sube en cualquier sitio. Los dos son cálidos, generosos y se les pasa el enfado en cinco minutos. Las fiestas se vuelven suyas, los amigos se multiplican y nunca hay un domingo aburrido. Se entienden porque los dos saben lo que es entrar en una sala y querer que todos lo pasen bien.
El problema es que los dos también quieren que los miren. Si uno cuenta una anécdota, el otro tiene una mejor. Si uno recibe un elogio, el otro nota que a él no se lo dieron. Además, a los dos se les acaba la paciencia rápido, y cuando chocan, chocan fuerte. Después viene el bajón doble: dos soles agotados que necesitan atención y nadie con energía para darla. Ahí es cuando la casa, tan luminosa, se vuelve un horno.
Funcionan cuando se turnan el escenario. Hoy brilla uno y el otro aplaude, mañana al revés, sin llevar la cuenta. También les ayuda tener momentos tranquilos que no dependen de público: cocinar juntos, una caminata sin teléfono. Un cielo con dos soles agota a cualquiera, pero dos soles que saben cuándo ponerse pueden dar un verano larguísimo, de esos que la gente recuerda.